En esta entrada recogemos los trabajos realizados por los alumnos sobre el Lazarillo
Autores: Carlos Reverte, Daniela Guillén, Diego Delgado y Ángeles Muñoz
Autor: Víctor Valdés
Autor:Francisco Barbero
Páginas de los Cursos
Don Quijote de la Mancha
Para ver el tema:
para saber y leer el Quijote
Para ver algunos capítulos
Capítulo I
Capítulo III
Para ver todos los capítulos
para saber y leer el Quijote
Para ver algunos capítulos
Capítulo I
Capítulo III
Para ver todos los capítulos
Etiquetas:
3º de ESO
,
Cervantes
,
don Quijote
,
literatura
Presentaciones de literatura. 3º de ESO
Presentaciones realizadas por los alumnos de 3º de ESO.
Autores: Fran Barbero, David Ruiz y Jonathan Olaya
Autora: Henia Bouamer Labed
Autores: Víctor Valdés y Carlos Reverte
Autores: Francisco Cerezo y Pablo Valdés
Autoras: Sonia, Patricia y Marta.
Autores: Ángeles Muñoz, Daniela Guillén, Diego Delgado y Moisés Escudero
Autoras: Mercedes Hortal, Alba Clemente, Alicia Espinosa e Inés del Río
Autoras: Lucía, Ana y Pastora
Autores: Fran Barbero, David Ruiz y Jonathan Olaya
Autora: Henia Bouamer Labed
Autores: Víctor Valdés y Carlos Reverte
Autores: Francisco Cerezo y Pablo Valdés
Autoras: Sonia, Patricia y Marta.
Autores: Ángeles Muñoz, Daniela Guillén, Diego Delgado y Moisés Escudero
Autoras: Mercedes Hortal, Alba Clemente, Alicia Espinosa e Inés del Río
Autoras: Lucía, Ana y Pastora
Repaso de sintaxis. La oración simple
A lo largo del curso, hemos ido poniendo distintas entradas de Sintaxis para 3º de ESO. Debes repasarlas si tienes dudas
Sintaxis: introducción a los sintagmas. Los complementos del verbo
Ejercicios de funciones sintácticas: sujeto y complementos.
Oraciones reflexivas y recíporocas.
Análisis de oraciones simples.
Repaso de conceptos básicos en sintaxis.
Guía para realizar el análisis sintáctico.
Ejercicios interactivos de sintaxis.
Ejercicios que vamos a corregir en clase.
Complementos del Verbo
Clasificación de la Oración simple por la actitud del hablante
Clasificación de la Oración simple por la naturaleza del predicado
Sintaxis: introducción a los sintagmas. Los complementos del verbo
Ejercicios de funciones sintácticas: sujeto y complementos.
Oraciones reflexivas y recíporocas.
Análisis de oraciones simples.
Repaso de conceptos básicos en sintaxis.
Guía para realizar el análisis sintáctico.
Ejercicios interactivos de sintaxis.
Ejercicios que vamos a corregir en clase.
Complementos del Verbo
Clasificación de la Oración simple por la actitud del hablante
Clasificación de la Oración simple por la naturaleza del predicado
Repaso general de sintaxis. Oraciones compuestas: coordinadas, yuxtapuestas y subordinadas
En este blog tienes ejercicios de todos los aspectos de la sintaxis, y además, si buscas, tienen la solución.
Pasos para un buen análisis sintáctico de oraciones compuestas
Pasos para un buen análisis sintáctico de oraciones compuestas
Etiquetas:
1º de Bachillerato
,
3º de ESO
,
4º de ESO
,
sintaxis
La poesía española desde los años 40 a la actualidad
Para repasar lo visto en clase puedes ver esta presentación
La poesía española desde 1939 from elisapg
Lecturas recomendadas:
Para leer textos de los autores tratados, tienes esta antología.
Elegía a Ramón Sijé cantada por Serrat
http://youtu.be/vKPhKUCcIQc
ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
a quien tanto quería)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las ladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
JAIME GIL DE BIEDMA. No volveré a ser joven
Versión musicalizada de No volveré a ser joven
PARA AMPLIAR CONOCIMIENTOS
Miguel Hernández
Los años cuarenta: poesía arraigada y desarraigada
A partir de los años 40, tras los desastres ocasionados por la Guerra Civil, incluidas las muertes,
el presidio o el exilio de numerosos autores, se crea un vacío literario que obliga a reconstruir
el panorama poético nacional, influido por la rígida censura de posguerra, periodo que se inicia
con dos tendencias poéticas contrapuestas: la poesía arraigada y la poesía desarraigada.
Los poetas arraigados de la década de los 40 colaboran inicialmente con el régimen franquista
para más tarde distanciarse críticamente de este y utilizan como medio de expresión revistas
como Escorial o Garcilaso. Integran este grupo los poetas Luis Rosales (La casa encendida),
Dionisio Ridruejo, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco y José García Nieto. Los poetas se
cobijan en una existencia agradable, distanciada de la realidad del país, con un lenguaje
sencillo y pretendidamente cotidiano que ensalza aspectos como la religiosidad, que aporta
serenidad y confianza, las raíces de la tierra o la familia. Emplearán la métrica tradicional y las
fórmulas poéticas del Siglo de Oro, aunque a veces recurren al verso libre.
Opuesta a la corriente anterior la poesía desarraigada cultiva una línea existencialista. Autores
representativos de este movimiento son Dámaso Alonso (Hijos de la ira), Vicente Aleixandre
(Sombra del paraíso), Eugenio de Nora, Victoriano Crémer, Blas de Otero (Áncia) o José Hierro
(Tierra sin nosotros) entre otros. El tema principal de las composiciones poéticas de este grupo
de autores desarraigados es la expresión de una religiosidad crítica con la cual reprochan a
Dios su silencio y su ausencia en un mundo de desolación y ruina. Dios no es ya un símbolo de
equilibrio y serenidad, sino la única posibilidad de salvación del hombre, por lo que se dirigen a
él increpándole y mostrándole el sufrimiento del mundo. Otros temas recurrentes serán la
angustia, el descontento y el malestar vital del ser humano ante las consecuencias de la Guerra
Civil, expresados con tono violento.
Los años cincuenta. La poesía social
Hacia 1955 se consolida el llamado Realismo social. A esa fecha corresponden dos libros de
poemas que marcan un hito: Pido la paz y la palabra de Blas de Otero y Cantos íberos de
Gabriel Celaya. En ellos, ambos poetas superan su anterior etapa de angustia existencial y
empiezan a situar los problemas humanos en un marco social. El poeta se hace solidario de los
demás hombres, de modo tal que debe tomar partido ante los problemas del mundo que le
rodea. La poesía se convierte, pues, en instrumento para transformar el mundo.
En cuanto a la temática, el tema de España es el más importante, con un enfoque político y
crítico. Los poetas expresan el dolor que sienten por España y la protesta ante la realidad
española, la Guerra Civil y sus consecuencias. Otros temas serían la injusticia social, el mundo
del trabajo o el anhelo de una sociedad mejor. Estos temas explican el estilo de los poemas: los
poetas se dirigen a la mayoría y por ello usan un lenguaje claro, intencionadamente prosaico
muchas veces y un tono coloquial, todo ello junto al empleo del verso libre, que confiere un
tono narrativo al poema.
Blas de Otero. En 1955 se inicia un nuevo ciclo en su poesía con el libro Pido la paz y la
palabra. Como en Machado, sus sentimientos por España son amor y dolor a un tiempo.
Amor por las tierras españolas y dolor por el pasado remoto y cercano. En 1964 escribe
Que trata de España, en el que destacan los abundantes poemas dedicados a cantar las
tierras de España y a grandes españoles: Cervantes, Machado...
Gabriel Celaya. En Cantos iberos y Las cartas boca arriba señalará que la poesía es un
instrumento de trabajo en la sociedad capitalista, un instrumento que hay que poner al
servicio de la liberación del hombre contra la opresión de la sociedad.
José Hierro. Escribe en 1952 Quinta del 42. Es la obra en la que canta y asume su condición
de hombre histórico, y con ella la circunstancia del mundo que le tocó vivir. Los hombres
que formaban la Quinta del 42 fueron unos hombres profundamente decepcionados, ya
que fue la primera quinta que no participó en la guerra. Por ello no pudieron demostrar un
heroísmo que les hubiera dado sentido a sus vidas.
Los años sesenta: poesía del conocimiento
Hacia los años 60 aparece un grupo de poetas que plantean un cambio: la idea del poema
como acto de conocimiento frente a la noción de poesía como comunicación y acción. Son
autores nacidos en torno a 1936 englobados en la llamada “Generación de los 50” formada por
autores como Claudio Rodríguez, Ángel González, José Ángel Valente y Francisco Brines.
Dentro de esta promoción destacará la llamada “Escuela de Barcelona”, a la que pertenecen
escritores como José Agustín Goytisolo, Jaime Gil de Biedma y Carlos Barral.
Siguen siendo críticos respecto a la sociedad en la que viven, pero su inconformismo renuncia
a la estética del “Realismo social”. Escriben una poesía más existencial y metafísica que social.
Los temas más frecuentes de su poesía son el fluir del tiempo, la evocación nostálgica de la
infancia y de la adolescencia, la familia, el amor, el erotismo y la vida cotidiana. Se da, pues, un
retorno a lo íntimo, una poesía de la experiencia personal. Manifiestan, en general, una gran
preocupación por el hombre, enlazando con la poesía existencial, y, del mismo modo, dan
muestras de inconformismo frente al mundo en que viven, pero cierto escepticismo les aleja
de la poesía social. No es raro el tono escéptico o irónico a la hora de tratar todos estos temas.
En cuanto al estilo, se alejan de las tendencias anteriores (rechazan el patetismo de la poesía
desarraigada y el prosaísmo de los poetas sociales) y buscan un lenguaje personal, sobrio y
preciso, pero lleno también de expresividad poética. La forma predomina sobre el contenido,
al contrario de los poetas sociales, y se siguen empleando técnicas vanguardistas,
especialmente del Surrealismo (por ejemplo, imágenes inverosímiles).
Ángel González. Es el ejemplo más claro de la transición de la poesía social al nuevo estilo
poético. Perdura en él el compromiso social, pero la crítica y la denuncia se expresan
preferentemente a través de la ironía y del humor ácido. Los juegos de palabras, la
andadura narrativa y el tono coloquial caracterizan muchos de sus poemarios, como
Tratado de urbanismo o Áspero mundo.
Jaime Gil de Biedma. Es quizá el escritor que más ha influido en sus compañeros de
promoción y en los poetas jóvenes posteriores. La poetización de su experiencia propia
adquiere con frecuencia un tono confesional y narrativo, con el que transmite una amarga
visión de su clase social (la alta burguesía). Combina el lenguaje conversacional y
antirretórico con la expresión precisa y elegante. Entre sus obras destacan Compañeros de
viaje y Moralidades.
José Ángel Valente. Toda su poesía tiene como objetivo hallar la palabra precisa que
desvele la realidad, que ayude al descubrimiento del ser (al estilo de la poesía pura
juanramoniana); de ahí su carácter meditativo, sus versos densos y breves, y su lenguaje
sobrio y hermético. Obras representativas serían Poemas a Lázaro o El inocente.
Claudio Rodríguez. Sus libros forman una especie de biografía poética y personal. Don de
la ebriedad se trata de una poesía de fervor lírico ante la vivencia inmediata y el contacto
del poeta con la tierra y el mundo campesino. En Conjuros, insiste en el vitalismo y en el
deseo de identificarse con las cosas sencillas y reconocerse en ellas. La búsqueda de la
armonía personal con el cosmos sigue siendo característica de poemarios posteriores
como Alianza y condena.
Los años setenta: los Novísimos.
En 1970 J. M. Castellet publica una antología titulada Nueve novísimos poetas españoles donde
acoge a nueve poetas desconocidos, de los cuales tres no habían publicado un sólo libro. De
los nueve destacan Manuel Vázquez Montalbán (Una educación sentimental), Félix de Azúa
(El velo en el rostro de Agamenón) y Pere Gimferrer (Arde el mar). La nota común a todos es
que constituyen un nuevo vanguardismo y dan el último paso para la ruptura con la poesía
social.
Los temas característicos de este grupo incluyen motivos personales (la infancia, el amor...),
motivos públicos (la guerra del Vietnam...), temas graves (un íntimo malestar) al lado de una
insolente frivolidad; temas de las culturas clásicas (Grecia y Roma) y del Renacimiento italiano
(Florencia, Venecia...), pero también elementos de la cultura de masas: TV, cine, rock, cómic,
publicidad, los mitos del momento como Bob Dylan, Los Beatles, Marilyn…
En cuanto al estilo, se da preeminencia a la forma sobre el contenido. Adoptan elementos
surrealistas como las imágenes visionarias y oníricas, la escritura automática y la ausencia de
mayúsculas y de puntuación. Hacen gala de su amplia cultura intelectual y refinamiento, así
como cierto hermetismo al incluir palabras y frases de otros autores (culturalismo). La ironía,
el sarcasmo, la frivolidad y la gravedad revelan al mismo tiempo su inconformismo y
disidencia. También se servirán de otras técnicas tomadas del Vanguardismo, como el collage
y el flash cinematográfico. Por otro lado, en lo referente a la métrica, rechazan las formas
estróficas tradicionales y se decantan por el verso libre.
De los años ochenta hasta la actualidad.
A mediados de la década de los ochenta, comparece una nueva promoción de poetas. Son los
postnovísimos o los poetas de la Generación de los ochenta, que traen una nueva poética. La
corriente más significativa dentro de esta generación es la llamada “Poesía de la experiencia”,
cuyos máximos exponentes serían Luis García Montero, autor de Habitaciones separadas y
Completamente viernes; Felipe Benítez Reyes, autor de Paraísos y mundos; Jon Juaristi con
Diario de un poeta recién cansado o Los paisajes domésticos; y Miguel d’Ors, entre otros, con
Es cielo y es azul o La imagen de su cara.
La poesía de la experiencia vuelve a situar el texto en un aquí y un ahora y busca un público
más amplio, lo cual la aleja del elitismo de los Novísimos. No toman como modelo corrientes
foráneas, sino que buscan la inspiración en poetas de la generación del 50 (Gil de Biedma,
Ángel González…) o anteriores (Blas de Otero, poetas del 27…). En su temática incluyen hechos
cotidianos, la realidad urbana, temas íntimos o la preocupación por el paso del tiempo. La
reflexión sobre la vida se tiñe de un contenido anímico y emotivo, y la presencia de la
anécdota conduce muchas veces a poemas narrativos. El estilo se basa en el lenguaje
conversacional y en el monólogo dramático.
Junto a la poesía de la experiencia otras corrientes líricas que han tenido relevancia en estas
últimas décadas son la poesía culturalista, de tendencia clasicista, que se caracteriza por la
exaltación del lujo y de la cultura mediterránea (sobre todo helenística e italiana), así como por
su carácter elitista y su culto a la belleza y el erotismo. Su principal representante es Luis
Antonio de Villena. Por otro lado, también son notables los resultados de la poesía
experimental, cuyos máximos exponentes son Blanca Andreu y José Miguel Ullán. También
son notables otras tendencias, como el Neorromanticismo (Antonio Colinas); la Poesía del
silencio (Jaime Siles), la Poesía épica (Julio Llamazares) o la Poesía sensualista o del nuevo
erotismo (Ana Rossetti).
Lecturas recomendadas:
Dámaso Alonso: “Insomnio” y “Mujer con alcuza” (de Hijos de la ira, 1944).
Gabriel Celaya: “La poesía es un arma cargada de futuro” (de Cantos íberos, 1955).
Blas de Otero: “A la inmensa mayoría” (de Pido la paz y la palabra, 1955).
José Hierro: “Canto a España” (de Quinta del 42, 1952).
José Agustín Goytisolo: “Palabras para Julia” (1981).
Ángel González: “Para que yo me llame Ángel González” (de Áspero mundo, 1956) e “Inventario de lugares propicios al amor” (de Tratado de urbanismo, 1967).
Para leer textos de los autores tratados, tienes esta antología.
Elegía a Ramón Sijé cantada por Serrat
http://youtu.be/vKPhKUCcIQc
ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
a quien tanto quería)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las ladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
JAIME GIL DE BIEDMA. No volveré a ser joven
Versión musicalizada de No volveré a ser joven
PARA AMPLIAR CONOCIMIENTOS
Miguel Hernández
Miguel Hernández tuvo una
vida trágicamente truncada por las secuelas de la guerra. Su obra sirve de
puente entre dos etapas de la poesía española. De una parte se le considera
epígono de la generación del 27 y de otra se le incluye en la generación del
36. Nació en Orihuela (1910) en una familia pobre. Fue pastor pero leyó mucho y
participó en tertulias literarias. En 1934 se traslada a Madrid y traba amistad
con Neruda. Cuando estalló la
Guerra Civil se alistó como voluntario del lado de la República. Se casó
durante la contienda. Su primer hijo murió y el segundo nació cuando la guerra
estaba acabando. El poeta fue encarcelado y murió de tuberculosis en la cárcel
de Alicante en 1942.
Su tono humanísimo y sus palabras
salidas directamente del corazón son sus características.
En una primera etapa, en su
adolescencia, coincide con la moda gongorina. Escribe Perito en lunas
(1934). Con El rayo que no cesa alcanza la plenitud poética. En él se consolida su tríptico temático: la
vida, el amor y la muerte. Al llegar la guerra escribió Viento del pueblo
(1937), poesía comprometida. En Cancionero y romancero de ausencias
(1938-1941) depura su expresión y se centra en el amor. En esta época escribe
las estremecedoras Nanas de la cebolla.
Los años cuarenta: poesía arraigada y desarraigada
A partir de los años 40, tras los desastres ocasionados por la Guerra Civil, incluidas las muertes,
el presidio o el exilio de numerosos autores, se crea un vacío literario que obliga a reconstruir
el panorama poético nacional, influido por la rígida censura de posguerra, periodo que se inicia
con dos tendencias poéticas contrapuestas: la poesía arraigada y la poesía desarraigada.
Los poetas arraigados de la década de los 40 colaboran inicialmente con el régimen franquista
para más tarde distanciarse críticamente de este y utilizan como medio de expresión revistas
como Escorial o Garcilaso. Integran este grupo los poetas Luis Rosales (La casa encendida),
Dionisio Ridruejo, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco y José García Nieto. Los poetas se
cobijan en una existencia agradable, distanciada de la realidad del país, con un lenguaje
sencillo y pretendidamente cotidiano que ensalza aspectos como la religiosidad, que aporta
serenidad y confianza, las raíces de la tierra o la familia. Emplearán la métrica tradicional y las
fórmulas poéticas del Siglo de Oro, aunque a veces recurren al verso libre.
Opuesta a la corriente anterior la poesía desarraigada cultiva una línea existencialista. Autores
representativos de este movimiento son Dámaso Alonso (Hijos de la ira), Vicente Aleixandre
(Sombra del paraíso), Eugenio de Nora, Victoriano Crémer, Blas de Otero (Áncia) o José Hierro
(Tierra sin nosotros) entre otros. El tema principal de las composiciones poéticas de este grupo
de autores desarraigados es la expresión de una religiosidad crítica con la cual reprochan a
Dios su silencio y su ausencia en un mundo de desolación y ruina. Dios no es ya un símbolo de
equilibrio y serenidad, sino la única posibilidad de salvación del hombre, por lo que se dirigen a
él increpándole y mostrándole el sufrimiento del mundo. Otros temas recurrentes serán la
angustia, el descontento y el malestar vital del ser humano ante las consecuencias de la Guerra
Civil, expresados con tono violento.
Los años cincuenta. La poesía social
Hacia 1955 se consolida el llamado Realismo social. A esa fecha corresponden dos libros de
poemas que marcan un hito: Pido la paz y la palabra de Blas de Otero y Cantos íberos de
Gabriel Celaya. En ellos, ambos poetas superan su anterior etapa de angustia existencial y
empiezan a situar los problemas humanos en un marco social. El poeta se hace solidario de los
demás hombres, de modo tal que debe tomar partido ante los problemas del mundo que le
rodea. La poesía se convierte, pues, en instrumento para transformar el mundo.
En cuanto a la temática, el tema de España es el más importante, con un enfoque político y
crítico. Los poetas expresan el dolor que sienten por España y la protesta ante la realidad
española, la Guerra Civil y sus consecuencias. Otros temas serían la injusticia social, el mundo
del trabajo o el anhelo de una sociedad mejor. Estos temas explican el estilo de los poemas: los
poetas se dirigen a la mayoría y por ello usan un lenguaje claro, intencionadamente prosaico
muchas veces y un tono coloquial, todo ello junto al empleo del verso libre, que confiere un
tono narrativo al poema.
Blas de Otero. En 1955 se inicia un nuevo ciclo en su poesía con el libro Pido la paz y la
palabra. Como en Machado, sus sentimientos por España son amor y dolor a un tiempo.
Amor por las tierras españolas y dolor por el pasado remoto y cercano. En 1964 escribe
Que trata de España, en el que destacan los abundantes poemas dedicados a cantar las
tierras de España y a grandes españoles: Cervantes, Machado...
Gabriel Celaya. En Cantos iberos y Las cartas boca arriba señalará que la poesía es un
instrumento de trabajo en la sociedad capitalista, un instrumento que hay que poner al
servicio de la liberación del hombre contra la opresión de la sociedad.
José Hierro. Escribe en 1952 Quinta del 42. Es la obra en la que canta y asume su condición
de hombre histórico, y con ella la circunstancia del mundo que le tocó vivir. Los hombres
que formaban la Quinta del 42 fueron unos hombres profundamente decepcionados, ya
que fue la primera quinta que no participó en la guerra. Por ello no pudieron demostrar un
heroísmo que les hubiera dado sentido a sus vidas.
Los años sesenta: poesía del conocimiento
Hacia los años 60 aparece un grupo de poetas que plantean un cambio: la idea del poema
como acto de conocimiento frente a la noción de poesía como comunicación y acción. Son
autores nacidos en torno a 1936 englobados en la llamada “Generación de los 50” formada por
autores como Claudio Rodríguez, Ángel González, José Ángel Valente y Francisco Brines.
Dentro de esta promoción destacará la llamada “Escuela de Barcelona”, a la que pertenecen
escritores como José Agustín Goytisolo, Jaime Gil de Biedma y Carlos Barral.
Siguen siendo críticos respecto a la sociedad en la que viven, pero su inconformismo renuncia
a la estética del “Realismo social”. Escriben una poesía más existencial y metafísica que social.
Los temas más frecuentes de su poesía son el fluir del tiempo, la evocación nostálgica de la
infancia y de la adolescencia, la familia, el amor, el erotismo y la vida cotidiana. Se da, pues, un
retorno a lo íntimo, una poesía de la experiencia personal. Manifiestan, en general, una gran
preocupación por el hombre, enlazando con la poesía existencial, y, del mismo modo, dan
muestras de inconformismo frente al mundo en que viven, pero cierto escepticismo les aleja
de la poesía social. No es raro el tono escéptico o irónico a la hora de tratar todos estos temas.
En cuanto al estilo, se alejan de las tendencias anteriores (rechazan el patetismo de la poesía
desarraigada y el prosaísmo de los poetas sociales) y buscan un lenguaje personal, sobrio y
preciso, pero lleno también de expresividad poética. La forma predomina sobre el contenido,
al contrario de los poetas sociales, y se siguen empleando técnicas vanguardistas,
especialmente del Surrealismo (por ejemplo, imágenes inverosímiles).
Ángel González. Es el ejemplo más claro de la transición de la poesía social al nuevo estilo
poético. Perdura en él el compromiso social, pero la crítica y la denuncia se expresan
preferentemente a través de la ironía y del humor ácido. Los juegos de palabras, la
andadura narrativa y el tono coloquial caracterizan muchos de sus poemarios, como
Tratado de urbanismo o Áspero mundo.
Jaime Gil de Biedma. Es quizá el escritor que más ha influido en sus compañeros de
promoción y en los poetas jóvenes posteriores. La poetización de su experiencia propia
adquiere con frecuencia un tono confesional y narrativo, con el que transmite una amarga
visión de su clase social (la alta burguesía). Combina el lenguaje conversacional y
antirretórico con la expresión precisa y elegante. Entre sus obras destacan Compañeros de
viaje y Moralidades.
José Ángel Valente. Toda su poesía tiene como objetivo hallar la palabra precisa que
desvele la realidad, que ayude al descubrimiento del ser (al estilo de la poesía pura
juanramoniana); de ahí su carácter meditativo, sus versos densos y breves, y su lenguaje
sobrio y hermético. Obras representativas serían Poemas a Lázaro o El inocente.
Claudio Rodríguez. Sus libros forman una especie de biografía poética y personal. Don de
la ebriedad se trata de una poesía de fervor lírico ante la vivencia inmediata y el contacto
del poeta con la tierra y el mundo campesino. En Conjuros, insiste en el vitalismo y en el
deseo de identificarse con las cosas sencillas y reconocerse en ellas. La búsqueda de la
armonía personal con el cosmos sigue siendo característica de poemarios posteriores
como Alianza y condena.
Los años setenta: los Novísimos.
En 1970 J. M. Castellet publica una antología titulada Nueve novísimos poetas españoles donde
acoge a nueve poetas desconocidos, de los cuales tres no habían publicado un sólo libro. De
los nueve destacan Manuel Vázquez Montalbán (Una educación sentimental), Félix de Azúa
(El velo en el rostro de Agamenón) y Pere Gimferrer (Arde el mar). La nota común a todos es
que constituyen un nuevo vanguardismo y dan el último paso para la ruptura con la poesía
social.
Los temas característicos de este grupo incluyen motivos personales (la infancia, el amor...),
motivos públicos (la guerra del Vietnam...), temas graves (un íntimo malestar) al lado de una
insolente frivolidad; temas de las culturas clásicas (Grecia y Roma) y del Renacimiento italiano
(Florencia, Venecia...), pero también elementos de la cultura de masas: TV, cine, rock, cómic,
publicidad, los mitos del momento como Bob Dylan, Los Beatles, Marilyn…
En cuanto al estilo, se da preeminencia a la forma sobre el contenido. Adoptan elementos
surrealistas como las imágenes visionarias y oníricas, la escritura automática y la ausencia de
mayúsculas y de puntuación. Hacen gala de su amplia cultura intelectual y refinamiento, así
como cierto hermetismo al incluir palabras y frases de otros autores (culturalismo). La ironía,
el sarcasmo, la frivolidad y la gravedad revelan al mismo tiempo su inconformismo y
disidencia. También se servirán de otras técnicas tomadas del Vanguardismo, como el collage
y el flash cinematográfico. Por otro lado, en lo referente a la métrica, rechazan las formas
estróficas tradicionales y se decantan por el verso libre.
De los años ochenta hasta la actualidad.
A mediados de la década de los ochenta, comparece una nueva promoción de poetas. Son los
postnovísimos o los poetas de la Generación de los ochenta, que traen una nueva poética. La
corriente más significativa dentro de esta generación es la llamada “Poesía de la experiencia”,
cuyos máximos exponentes serían Luis García Montero, autor de Habitaciones separadas y
Completamente viernes; Felipe Benítez Reyes, autor de Paraísos y mundos; Jon Juaristi con
Diario de un poeta recién cansado o Los paisajes domésticos; y Miguel d’Ors, entre otros, con
Es cielo y es azul o La imagen de su cara.
La poesía de la experiencia vuelve a situar el texto en un aquí y un ahora y busca un público
más amplio, lo cual la aleja del elitismo de los Novísimos. No toman como modelo corrientes
foráneas, sino que buscan la inspiración en poetas de la generación del 50 (Gil de Biedma,
Ángel González…) o anteriores (Blas de Otero, poetas del 27…). En su temática incluyen hechos
cotidianos, la realidad urbana, temas íntimos o la preocupación por el paso del tiempo. La
reflexión sobre la vida se tiñe de un contenido anímico y emotivo, y la presencia de la
anécdota conduce muchas veces a poemas narrativos. El estilo se basa en el lenguaje
conversacional y en el monólogo dramático.
Junto a la poesía de la experiencia otras corrientes líricas que han tenido relevancia en estas
últimas décadas son la poesía culturalista, de tendencia clasicista, que se caracteriza por la
exaltación del lujo y de la cultura mediterránea (sobre todo helenística e italiana), así como por
su carácter elitista y su culto a la belleza y el erotismo. Su principal representante es Luis
Antonio de Villena. Por otro lado, también son notables los resultados de la poesía
experimental, cuyos máximos exponentes son Blanca Andreu y José Miguel Ullán. También
son notables otras tendencias, como el Neorromanticismo (Antonio Colinas); la Poesía del
silencio (Jaime Siles), la Poesía épica (Julio Llamazares) o la Poesía sensualista o del nuevo
erotismo (Ana Rossetti).
Etiquetas:
3º de ESO
,
4º de ESO
,
literatura
,
Miguel Hernández
,
poesía
El Lazarillo de Tormes. La novela picaresca
Introducción
En 1554 se publicaron simultáneamente cuatro ediciones de la obra, sin nombre de autor, en Burgos, Alcalá, Amberes y Medina del Campo (el único ejemplar de la edición de Medina del Campo se encontró en 1992, oculto en una pared, en Barcarrota, Badajoz). Hay razones para pensar que debió de existir una edición anterior, quizás de 1553, pero no se ha conservado ningún ejemplar de esta edición. El libro se hizo pronto popular y se reimprimió muchas veces. Su popularidad se extendió más allá de España, y fue traducido al francés (1560), al inglés (1576), al holandés (1579), al alemán (1617), al italiano (1622). Esta obra marcará el inicio de un nuevo género literario: la novela picaresca, de gran importancia en la literatura española del Siglo de Oro.
La novela picaresca
Al margen de la individualidad propia de cada obra, todas las novelas picarescas comparten una serie de características comunes que podrían resumirse en las siguientes.1. El protagonista es el pícaro, categoría social, procedente de los bajos fondos que, a modo de antihéroe, es utilizado por la literatura como contrapunto al ideal caballeresco. Su línea de conducta está marcada por el engaño, la astucia, el ardid y la trampa ingeniosa. Vive al margen de los códigos de honra propios de las clases altas de la sociedad de su época. Su libertad es su gran bien. Una libertad condicionada por su ascendencia, que el protagonista relata al lector para que comprenda su norma de vida, condicionada o determinada, en parte, por sus coordenadas existenciales.
2. Carácter autobiográfico. El protagonista narra sus propias aventuras, empezando por su genealogía, que resulta ser lo más antagónica a la estirpe del caballero. La forma autobiográfica estará en función de la orientación de crítica social que ejercerá la novela picaresca; al proyectar el autor su personalidad sobre un personaje fictício, esto le permite exponer con mayor libertad sus propias ideas.
3. Una doble temporalidad. El pícaro aparece en la novela desde una doble perspectiva: como autor y como actor. Como autor se sitúa en un tiempo presente que mira hacia su pasado y narra una acción, cuyo desenlace conoce de antemano.
4. Estructura abierta. El pluralismo de aventuras que se narran podrían continuarse; no hay nada que lo impida, porque las distintas aventuras no tienen entre sí más trabazón argumental que la que da el protagonista.
5. Carácter moralizante. Cada novela picaresca vendría a ser un gran "ejemplo" de conducta aberrante que, sistemáticamente, resulta castigada. La picaresca está muy influida por la retórica sacar de la época, basada en muchos casos, en la predicación de "ejemplos", en los que se narra la conducta descarriada de un individuo que, finalmente, es castigado o se arrepiente.
6. Carácter satírico. La sátira es un elemento constante en el relato picaresco. El protagonista deambulará por las distintas capas sociales, a cuyo servicio se pondrá como criado, lo que le permitirá conocer los acontecimientos más íntimos de sus dueños. Todo ello será narrado por el pícaro con actitud crítica. Sus males son, al mismo tiempo, los males de una sociedad en la que impera la codicia y la avaricia, en perjuicio de los menesterosos que pertenecen a las capas más bajas de la sociedad.
Este género se consolida con la aparición en 1599 de la segunda novela picaresca: Vida de Guzmán de Alfarache, obra de Mateo Alemán.
El Lazarillo de Tormes
Esta obra marcará el inicio de un nuevo género literario: la novela picaresca, de gran importancia en la literatura española del Siglo de Oro.La importancia de esta novela breve, titulada Vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, no consiste solo en haber iniciado el género picaresco en nuestra narrativa, sino en que con ella empieza la NOVELA MODERNA.
En efecto, hasta el Lazarillo los relatos presentaban a un héroe adulto (un caballero o un señor refinado consagrado a la vida pastoril, un príncipe, etc.) cuyos caracteres estaban ya fijados cuando el Lazarillo se publicó, y entre los que destacaba el hecho de que ese héroe anterior al Lazarillo (generalmente noble) no cambiaba a lo largo de su historia y aventuras, es decir, su personalidad se mantenía inalterable, no cambiaba su forma de ser y, por lo tanto, por muchas aventuras que tuviese ese héroe anterior al Lazarillo, no observamos en él ninguna transformación importante de su personalidad. Este tipo de relato no es moderno.
Sin embargo, con Lázaro de Tormes se produce un cambio importante: ahora se nos presenta una vida haciéndose, puesto que narra la historia de un personaje (no noble) desde su niñez, para que entendamos por qué, en el último capítulo, ha caído en el deshonor. De esta manera, ese personaje (por primera vez en la historia literaria, un protagonista pobre y miserable) es, en cada momento, una consecuencia de lo que ha vivido. No podríamos comprender cómo piensa y actúa en un capítulo sin saber qué le ha sucedido en el anterior y en los anteriores. Este es un RASGO NOVELESCO MODERNO.
La forma autobiográfica, rasgo común de todas las novelas picarescas, es la primera nota que caracteriza el relato de ficción del Lazarillo. Lázaro nos relata la historia de su vida: Lázaro nace en Salamanca, cerca del río Tormes, en el seno de una familia pobre, y desde niño se ve obligado a servir a varios amos (ciego, clérigo, noble, fraile, buldero, pregonero). Lázaro terminará independizándose y, ya hombre casado, disfruta de una situación que él considera próspera.
En este relato autobiográfico aparecen dos categorías temporales: un "ahora" que se explica a través de un "antes". Lázaro dirige su relato a una persona de rango superior ("Vuestra Merced"), a quien cuenta su "caso": las dudosas relaciones entre la mujer de Lázaro y el Arcipreste de Sant Salvador, cuya casa ella frecuenta. Este caso es el núcleo configurador en torno al cual se organiza la materia narrativa. La unidad estructural gira en torno a la convergencia de todo el pasado en el ser presente de Lázaro que cuenta su vida para justificar su "caso", un caso de honra. Lázaro no hace sino justificar una conducta moral muy particular aprendida de los labios de su madre: arrimarse a los "buenos", aquellos que le ayudan a sobrevivir.
Los sucesos fundamentales de su vida expresan el proceso educativo del protagonista, como una evolución pedagógica de perversión. Lázaro, hombre de vil origen, educado en la astucia y en el engaño por el ciego, busca una honra que le proporcione un provecho que, al fin, consigue, como nos relata en el "Tratado VII". En la novela hay dos planos narrativos: el del autor y el del protagonista; los dos planos se interfieren por medio de la ironía, aunque en dos sentidos diferentes: Lázaro cuenta su vida como si de un triunfo se tratase, mientras el autor cree todo lo contrario; Lázaro, desde su perspectiva, considera que ha llegado a buen puerto; para el autor, por el contrario, aquella situación es el colmo de la abyección.
En cuanto al estilo del Lazarillo, está escrito dentro del "estilo humilde", relacionado con la poética de los tres estilos (sublime, mediocre e ínfimo); el origen social de Lázaro exige al autor seguir las normas de la poética del estilo bajo. Cada estilo debía acomodarse a unos temas y a unos personajes para conseguir el "decoro", cualidad artística que consiste en hacer hablar a los personajes de acuerdo con su procedencia estamental. Por ello, el autor coloca al pícaro y al mundo que lo rodea dentro de una verosimilitud narrativa, en consonancia con su personalidad y el medio ambiente en el que vive. Esto se consigue intentando que la lengua sea un reflejo de este telón de fondo social; de ahí que abunden los vulgarismos y un estilo coloquial, con el que se intenta un acercamiento a la situación existencial del protagonista y de su medio ambiente.
ESTRUCTURA DE LA OBRA
El pregonero Lázaro de Tormes narra su vida, desde que nace en Tejares (Salamanca) hasta que ejerce aquel oficio en Toledo. La obra está dividida en unprólogo y siete tratados.
PRÓLOGO: La obra comienza con un prólogo en que Lázaro de Tormes, pregonero de Toledo, dirigiéndose a un desconocido “vuestra merced”, confiesa su decisión de alcanzar fama contando su vida entera, para que sirva de ejemplo de cómo, con voluntad, se puede salir adelante (se trata de un prólogo sarcástico en el que se burla del afán de alcanzar la fama: hasta la pretende él, que ha llegado al poco envidiable oficio de pregonero y al estado de maridillo deshonrado).
Los tres primeros tratados están unidos por el tema del hambre:
TRATADO I: El protagonista sirve a un ciego tacaño y mezquino, a quien tiene que engañar para poder comer; al entrar a servirle es un niño inocente, pero a su lado aprende toda suerte de malicias, y cuando lo abandona sabe ya más tretas. Recordar los siguientes episodios con el ciego: episodio del toro de piedra; episodio de la jarra de vino; episodio de las uvas; episodio de la longaniza, episodio final de la venganza de Lazarillo.
TRATADO II: En este tratado, Lázaro sirve al cura de Maqueda (Toledo), un clérigo avariento que lo mata de hambre y a quien tiene que robar los panes que le daban los fieles cristianos, sobre todo Lázaro los roba con gran ingenio (episodio del arca y la llave, la falsa culebra, los garrotazos finales). Este clérigo es, pues, peor amo que el ciego; y Lázaro critica así en su relato la avaricia de algunos clérigos y su inhumanidad.
TRATADO III: Cuando ya parecía que no cabía más ruindad, Lázaro sirve a unescudero (un hidalgo sin fortuna) en cuya casa no hay absolutamente nada; pero este hidalgo lo trata bien, frente a la crueldad que mostraron con él los dos primeros amos. Lázaro, en este tercer tratado, siente piedad por el escudero ymendiga para alimentarlo (de esta manera queda ridiculizado en la obra el orgullo de quienes aparentaban ser de casta superior y eran, en realidad, unos pobretes). Pero, además, este tratado, el más importante de todos, permite contemplar el sentimiento de humana solidaridad que mueve a Lázaro, en contraste con la presunción de aquel hidalgo fantasmón.
TRATADO IV: El tiempo pasa, Lázaro va creciendo, y ya no sufre hambre con el cuarto amo. Este tratado es brevísimo: un apunte anticlerical que toca el tema de la homosexualidad.
TRATADO V: En este tratado, Lázaro no actúa como protagonista, sino que se limita a contemplar, asombrado, cómo un eclesiástico, vendedor de bulas(privilegios que el Papa concedía a quienes las compraban; eran como certificados que, por ejemplo, permitían comer carne a los cristianos en períodos no permitidos; estaban, supuestamente, firmadas por el Papa) engaña a unos incultos y crédulos aldeanos. Harto de ambos amos, Lázaro los abandona cuando se cansa de ellos. De esta manera continúa la crítica anticlerical.
TRATADO VI: También muy corto, habla de su servicio a un maestro de pintar panderos[1]. También sirve Lázaro en este tratado a un capellán, que lo empleaba como aguador[2]. Con este último ahorra sus primeros dineros, que emplea para comprarse unas ropillas que mejoren su aspecto. Lázaro, pues, empieza a situarse en el mundo de los que aspiran a ser algo.
TRATADO VII: Por fin, tras servir como auxiliar de un alguacil[3] (oficio que deja pronto por considerarlo peligroso), obtiene el cargo de PREGONERO REAL. Ahora lo protege un ARCIPRESTE, el cual lo casa con una criada suya que era su amante; esto da mucho que hablar en Toledo (el CASO que se comenta en el prólogo y al final del libro).
Su largo “aprendizaje” (aprendizaje de la vida) ha terminado: ya puede aceptar la deshonra como una especie de triunfo.
Si nos fijamos bien, toda la obra muestra el cumplimiento de una profecía: el ciego, en el tratado I, episodio de la jarra de vino, dice a Lázaro. “Yo te digo [...] que si un hombre en el mundo ha de ser bienaventurado con vino, que serás tú”. Y, efectivamente, Lazarillo alcanza su “ventura” cuando conoce al arcipreste de San Salvador, cuyos vinos pregonaba por Toledo para venderlos (tratado VII).
RECURSOS
Tratado I. El ciego
Episodio de la longaniza
Para saber más
Obra completa digitalizada
Trabajo para después de su lectura.
Webquest sobre Lázaro de Tormes
Audiolibro y Ejercicios para después de la lectura
Edición bilingüe español-inglés
Suscribirse a:
Entradas
(
Atom
)

